Archivo de la etiqueta: moda

Trendy madre soltera

(mayo 2010)

‘¿No comes pescado crudo?’ me pregunta una amiga. Estamos en uno de estos sushi-wok-bufet asiáticos, acompañadas por un grupo de hombres con quien comparte un espacio de trabajo. Mis dedos apuntan mi barriga y le respondo: ‘Por un tiempo no.’ Unos segundos pasan y veo que empieza a entenderlo. Se limpia la boca y exclama sorprendida: ‘¿De verdad? ¡No me digas! Había visto tu barriguita, pero pensaba que habías engordado. Incluso me reí, porque me gusta cuando las mujeres en mi alrededor se engorden, igual que yo.’ Su inesperada sinceridad me hace reír a carcajadas. ‘Pero si tú misma tienes dos hijos, percibes la diferencia, ¿o no?’ ‘Cuando iba detrás de ti en las escaleras, sí que me di cuenta de que todavía tengas un pequeño culet,’ admite de mala gana.

Uno de los hombres en la mesa me felicita y me pregunta por el padre. ‘No le conoces,’ le digo. Se ríe: ‘Listilla, eso lo entiendo, pero ¿quién es?’ Me trago el bocado de rollo de primavera que tengo en la boca y le respondo de manera contenta: ‘No te lo tomes muy personal, pero no es ningún asunto tuyo. Tampoco importa, el padre no tiene papel. Lo voy a hacer sola.’ Me mira como si viese agua ardiendo, con una mirada atontada. Mi amiga dice en voz demasiado alta, para que se entere toda la mesa, que existen bancos de semen y que me he buscado un donante. ‘Es madre soltera,’ añade. Veo caras sorprendidas sobre los platos llenos de sushi. Algo aturdida por sus inesperadas e indeseables palabras tomo otro bocadito del rollo de primavera y decido no prestarle más atención al tema.

En realidad, solamente algunas personas saben cómo fue que me quedé embarazada. Si fue un ex-amante (¿y cuál?), si fue un donante, si lo hice con un conocido en casa o a través de un banco de semen español u holandés, anónimo o no, si fue un rollo de una noche, un accidente con un condón roto, si fue a propósito, etcétera. ¿Que si fue una cosa planeada o no? Dejo a todo el mundo que piense su guión favorito. Es que, para el mundo exterior no tiene importancia. A parte de los pocos ‘conocedores’, la verdad quedará entre mi hijo y yo. El padre de mi peque no está. Soy, o seré, madre soltera.

Creo que hoy en día, y sobre todo en Holanda, es trendy, a lo último, tener un hijo aunque estés sola. Pero no soy una que sigue las últimas tendencias y nunca abogaré una auténtica moda de madres solteras. Mis vecinos, mayores y antiguos, me miran piadosamente: la pobre chica preñada, completamente sola en esta dura época de crisis. A mis padres también les hubiera gustado que fuera chapada a la antigua, pero no obstante están contentos de que su nieto esté de camino. Creo que todas mis amigas me soportan, unas con más confianza que otras. Y mi ginecóloga emancipada ni siquiera me ha preguntado dónde está el padre, o si existe. No tiene importancia para ella. Es una mujer moderna en un país católico, y en este aspecto la Barcelona liberal es su ciudad.

¿Y yo? Creo que en este momento soy la única persona cuya opinión realmente importa. Mientras siga creyendo en mi misma. ¿Fácil? No. ¿Imposible? Tampoco. Tantas me precedieron y muchas me seguirán. Sobre todo si persevera la ‘moda’ de madre soltera.

Unas semanas después estoy con mi padre en nuestro sitio favorito de comer. Como siempre, el encargado nos invita una copa después de la comida. Le sirve a mi padre una copa de cava y a mí una copa vacía con una botella de agua. Protesto suavemente. El encargado y yo, alguna vez hemos tenido una cita. No fue un éxito rotundo, pero sí que es un hombre muy simpático. Desde entonces siempre nos decimos que pronto iremos a escuchar un concierto de jazz. Al salir del restaurante me dice ahora: ‘Que te vaya bien.’ Le contesto: ‘Escucha, aunque esté embarazada todavía podemos salir a escuchar música y bailar.’ Me ofrece una risa y promete de llamarme. Salir con alguien, ¿por qué no? Soy madre soltera, con mayúscula S.

(mayo 2010)