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Pechos

Si, siendo mujer, normalmente eres la propietaria orgullosa de un par de curvas bonitas y firmes por la parte alta de tu cuerpo – digamos un modesto D – pues agárrate cuando te quedas preñada. En cuanto empiecen a crecer (pequeños o grandes, ¡los pechos siempre crecen!), el peso añadido hace que todo descienda. Te desafío a encontrar un sujetador en que caben bien tus nuevas curvas D+. Pero que no simplemente caben bien. Me refiero a un sujetador en que están cómodas y quedan bonitas. También es un verdadero desafío encontrar un sujetador con dichas propiedades, que además es de precio razonable y tiene un aspecto presentable (o mejor dicho: bonito o incluso sexy). Esta combinación cuádruple no existe en este país. O yo no lo encuentro. Pero bueno, son cosas prácticas de que no quiero hablar ahora.

Yo, un día estoy contenta con mis pechos, otro no tanto. Hay días en que los miro pensando que ‘vale, no están mal’. Pero también hay días en que me parecen simplemente exagerados! Días en que están en un nivel corporal bastante bajo y que pesan mucho. Además, últimamente me pican mucho porque la piel se está estirando. Cuando estoy sola en casa, los froto o rasco hasta que la piel esté roja, o los pongo una manopla fría. Pero sacarte un pecho del sujetador en público, para luego desvergonzadamente rascártelo y frotarlo bien en un intento de parar el picor que te vuelve loca… Resumiendo, noto que ya no sirven para ‘ser bonitos’. Ya no hacen un esfuerzo de tentar a los hombres, pero se están preparando para poder ejercer su función como ‘fábrica de leche’.

Parece que los hombres todavía no se dan cuenta de este cambio de función y aún piensan que son fenomenales, quizás más de lo normal. Realmente pensaba que en cuanto fuera visible mi embarazo, yo ya no sería interesante para los hombres. Pero es todo lo contrario; más de uno me hace saber que piensa que soy una mujer atractiva, a pesar de la barriga. Eso tiene dos lados.

Mis palabras ‘una mujer atractiva’ suenan agradable, pero quizás hago un dibujo demasiado bonito. Imagínate que eres una mujer andando por la calle con dos bolsas de plástico del supermercado en cada mano. Notas las gotas del sudor en la espalda y deseas llegar a casa ya, para poder deshacerte del peso. Te duele tu barriga, visiblemente embarazada. Un mechón de tu pelo se cae y te molesta en la cara, pero porque tienes las manos ocupadas no puedes simplemente quitártelo y dejarlo detrás de la oreja. Entonces, con un movimiento torpe giras la cabeza con fuerza hacía un lado, esperando poder ver bien los últimos metros que te quedan de camino. En el mismo instante dos hombres te acercan. Ves a los cuatro ojos mirando tu cuerpo, de arriba abajo y otra vez arriba, donde se quedan fijados en tus pechos. Una mirada engolosinada aparece en estos ojos exploradores, y como si lo estuvieras mirando a cámara lenta ves a sus bocas abriéndose un poco. Uno de los hombres se moja los labios y mueve la lengua como si fuera de una serpiente. El otro te susurra algunas palabras irrespetuosas al estilo de ‘vaya tetas’. No tiene nada que ver con por ejemplo ‘¿por qué no me dejas ayudarte con estas bolsas?’.

Claro que es una muestra de un cierto tipo de aprecio, ¿pero es eso el tipo de aprecio que deseo recibir ahora mismo?  ¡No! Por favor, ¡un poco de respeto para la barriga y para la mujer que la lleva!